Una investigación clínica realizada en Australia con 552 adultos encontró que seleccionar antidepresivos mediante información genética no produjo una mejoría significativa de los síntomas depresivos frente a las recomendaciones terapéuticas habituales.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
Un ensayo clínico desarrollado en Australia ha puesto a prueba una de las propuestas más discutidas de la medicina personalizada: utilizar pruebas genéticas para seleccionar el antidepresivo más adecuado para cada paciente. La investigación, publicada el 15 de octubre de 2026 en la revista científica The Lancet Primary Care, encontró que esta estrategia no consiguió mejores resultados clínicos que la prescripción basada en las guías médicas convencionales.
El estudio, denominado PRESIDE, reunió a 552 adultos con síntomas depresivos moderados o graves atendidos en 19 consultas de medicina general del estado australiano de Victoria.
Los investigadores compararon dos procedimientos de selección de medicamentos. En uno, los médicos recibieron recomendaciones basadas en características genéticas relacionadas con el metabolismo de los antidepresivos. En el otro, las recomendaciones procedían de las guías terapéuticas australianas.
Después de doce semanas, ambos grupos habían experimentado mejorías en sus síntomas depresivos, pero las diferencias entre ellos no fueron estadísticamente significativas.
El trabajo fue dirigido por Jonathan Emery, profesor de la Lee Kong Chian School of Medicine de la Universidad Tecnológica de Nanyang, en Singapur, en colaboración con investigadores australianos.
Los resultados no significan que la genética carezca de utilidad en psiquiatría. Lo que muestran es que incorporar sistemáticamente este tipo de información a la selección de antidepresivos no produjo un beneficio clínico adicional demostrable en la población y las condiciones estudiadas.
La medicina personalizada busca reducir los tratamientos por ensayo y error
La depresión es un trastorno de salud mental que puede afectar el estado de ánimo, la motivación, el sueño, la concentración y la capacidad para desarrollar actividades cotidianas.
Su tratamiento puede incluir intervenciones psicológicas, medicamentos antidepresivos o una combinación de ambas estrategias, dependiendo de la gravedad de los síntomas, los antecedentes clínicos y las preferencias del paciente.
Uno de los principales desafíos de la farmacoterapia es que no todas las personas responden de la misma manera a un medicamento.
Algunos pacientes experimentan una mejoría importante con el primer antidepresivo prescrito. Otros necesitan ajustes de dosis, cambios de medicamento o tratamientos adicionales antes de conseguir una respuesta satisfactoria.
También pueden aparecer efectos adversos que dificultan mantener el tratamiento.
Estas diferencias han impulsado la búsqueda de herramientas capaces de orientar las decisiones médicas desde el comienzo.
Entre ellas se encuentran las pruebas farmacogenéticas, que estudian determinadas variantes del ADN relacionadas con la manera en que el organismo procesa los medicamentos.
El interés por encontrar tratamientos más eficaces también ha llevado a investigar nuevas opciones farmacológicas para personas con depresión resistente al tratamiento, aunque esa línea de investigación aborda un problema clínico distinto del examinado en el ensayo australiano.
Qué información aportan los genes CYP2C19 y CYP2D6
La farmacogenética estudia cómo determinadas diferencias heredadas pueden modificar la respuesta del organismo a los medicamentos.
En el caso de los antidepresivos, dos de los genes más investigados son CYP2C19 y CYP2D6.
Ambos participan en la producción de enzimas del sistema del citocromo P450, responsables de metabolizar numerosos medicamentos en el organismo.
Las variantes de estos genes pueden influir en la velocidad con la que una persona transforma o elimina determinados antidepresivos.
Algunos individuos metabolizan ciertos fármacos más lentamente, mientras que otros presentan una actividad enzimática mayor.
Estas diferencias pueden afectar la concentración del medicamento en la sangre y, en determinadas circunstancias, modificar la probabilidad de experimentar efectos adversos o una respuesta insuficiente.
Sin embargo, la relación entre metabolismo y eficacia clínica no es automática.
La mejoría de la depresión depende de numerosos factores, incluidos la naturaleza del trastorno, otras enfermedades, los tratamientos concomitantes, la adherencia terapéutica y las circunstancias individuales.
Por ello, conocer una variante genética no permite predecir con certeza qué medicamento eliminará los síntomas de una persona.
El ensayo PRESIDE buscó comprobar si utilizar esa información para orientar las prescripciones ofrecía ventajas medibles en las consultas habituales de atención primaria.
El ensayo PRESIDE incluyó 552 adultos de 19 consultas médicas
Los investigadores reclutaron a 552 personas de entre 18 y 65 años que presentaban síntomas depresivos moderados o graves.
Los participantes procedían de 19 consultas de medicina general del estado de Victoria, Australia.
La investigación utilizó un diseño aleatorizado y doble ciego para comparar dos estrategias de prescripción.
En el grupo de intervención, los médicos recibieron recomendaciones basadas en los resultados genéticos de los pacientes, específicamente en variantes de CYP2C19 y CYP2D6.
En el grupo de comparación, los profesionales recibieron recomendaciones elaboradas a partir de las guías terapéuticas australianas.
La asignación aleatoria buscó reducir la influencia de diferencias iniciales entre los participantes.
Además, el diseño doble ciego pretendía limitar los sesgos relacionados con el conocimiento de la estrategia utilizada.
Ni los pacientes ni los médicos conocían si las recomendaciones recibidas correspondían al procedimiento farmacogenético o al basado en las guías convencionales.
Esta característica resulta especialmente importante en investigaciones sobre síntomas depresivos, donde las expectativas de pacientes y profesionales pueden influir en determinadas evaluaciones clínicas.
El resultado principal se examinó después de doce semanas.
Ambos grupos mejoraron, pero las diferencias no fueron significativas
Los investigadores observaron una reducción de los síntomas depresivos en los dos grupos durante las doce semanas de seguimiento.
Sin embargo, los pacientes cuyas recomendaciones de tratamiento se basaron en información genética no experimentaron una mejoría significativamente mayor que aquellos atendidos mediante las guías clínicas habituales.
El equipo también examinó la remisión de la depresión, entendida como la reducción de los síntomas hasta un nivel clínico previamente definido.
La proporción de participantes que alcanzó la remisión no presentó diferencias estadísticamente significativas entre las estrategias.
De manera semejante, tampoco se encontró una diferencia significativa en la proporción de pacientes que respondieron al tratamiento.
Estos resultados indican que, en las condiciones del ensayo, disponer de recomendaciones farmacogenéticas no se tradujo en una ventaja clínica demostrable durante el período evaluado.
Es importante distinguir este hallazgo de la afirmación de que las pruebas genéticas nunca puedan resultar útiles.
Un ensayo puede mostrar que una intervención no ofrece beneficios adicionales cuando se aplica de manera general a una determinada población, sin descartar que existan subgrupos de pacientes que sí puedan beneficiarse.
El estudio tampoco demuestra que todos los antidepresivos sean equivalentes ni que la elección individual del medicamento carezca de importancia.
La selección continúa requiriendo una evaluación clínica de los síntomas, los antecedentes, las contraindicaciones, las interacciones farmacológicas y las preferencias del paciente.
Por qué los resultados difieren de algunas investigaciones anteriores
Los autores señalaron que sus conclusiones contrastan con determinados estudios previos en los que la prescripción guiada por información farmacogenómica se había asociado con resultados más favorables.
Una posible explicación se encuentra en las diferencias entre las poblaciones investigadas.
Algunos trabajos anteriores se habían desarrollado con pacientes que presentaban depresión grave y recibían atención de especialistas en psiquiatría.
El ensayo PRESIDE, en cambio, se concentró en personas atendidas en consultas generales, un entorno donde se diagnostica y trata una parte importante de los trastornos depresivos.
Las características de los pacientes, la experiencia terapéutica previa y los procedimientos utilizados para interpretar los resultados genéticos pueden influir en el desempeño de estas estrategias.
Los investigadores consideran posible que las pruebas farmacogenéticas sean más útiles en situaciones clínicas seleccionadas, por ejemplo, cuando una persona no responde a un antidepresivo o experimenta efectos adversos importantes.
Sin embargo, esa posibilidad necesita evaluarse específicamente y no constituye una conclusión demostrada por este ensayo.
La complejidad del tratamiento también se relaciona con la diversidad de mecanismos biológicos implicados en la depresión. Investigaciones experimentales han explorado alteraciones moleculares de los circuitos cerebrales relacionadas con los síntomas depresivos, lo que ilustra que la enfermedad no depende únicamente de la velocidad con que se metabolizan los medicamentos.
Los resultados de laboratorio sobre mecanismos cerebrales, no obstante, tampoco pueden utilizarse directamente para decidir qué antidepresivo debe recibir un paciente.
La atención primaria plantea condiciones diferentes de la psiquiatría especializada
Uno de los aspectos más relevantes de PRESIDE es que evaluó la prescripción farmacogenética en consultas de medicina general.
La atención primaria constituye habitualmente el primer punto de contacto para personas que experimentan síntomas depresivos.
En ese entorno, los profesionales deben atender simultáneamente problemas de salud física y mental, revisar medicamentos y decidir cuándo resulta necesario solicitar apoyo especializado.
Una prueba genética puede aportar información sobre el metabolismo de determinados fármacos, pero su utilidad depende de cómo se incorpora a las decisiones clínicas.
Por ejemplo, el resultado debe interpretarse en relación con el medicamento concreto que se está considerando y con las demás características del paciente.
Además, disponer de una recomendación no garantiza que el tratamiento se mantenga sin modificaciones durante las semanas siguientes.
Los síntomas pueden cambiar, pueden aparecer efectos secundarios y los profesionales pueden necesitar ajustar las dosis o sustituir el medicamento.
El equipo investigador subrayó que todavía es necesario comprender mejor en qué momento del proceso terapéutico conviene utilizar las pruebas farmacogenómicas.
También debe determinarse si determinados grupos de pacientes obtienen un beneficio suficiente para justificar su utilización sistemática.
Más información genética no garantiza mejores resultados médicos
La medicina de precisión busca adaptar las intervenciones sanitarias a las características biológicas y clínicas de cada persona.
En diferentes especialidades, las pruebas genéticas han permitido identificar enfermedades hereditarias, orientar determinados tratamientos oncológicos y ajustar medicamentos específicos.
Sin embargo, la utilidad de una prueba depende de que sus resultados permitan adoptar decisiones capaces de mejorar la salud.
En el caso de la depresión, el metabolismo farmacológico representa solo una parte del problema.
La respuesta clínica también está influida por factores psicológicos, sociales, ambientales y médicos que no pueden resumirse en dos genes.
Esta interacción resulta especialmente evidente cuando existen enfermedades crónicas simultáneas. La relación entre diabetes tipo 2 y depresión muestra cómo las condiciones físicas y mentales pueden influirse mutuamente y complicar el seguimiento terapéutico.
Jonathan Emery, investigador principal del ensayo, destacó que disponer de más información genética no se traduce automáticamente en mejores resultados clínicos.
Su equipo considera necesario identificar con mayor precisión qué pacientes podrían beneficiarse de este enfoque antes de recomendar su aplicación rutinaria.
Esta conclusión es relevante para los sistemas sanitarios que estudian incorporar pruebas genéticas a la atención habitual.
Antes de extender su utilización, resulta necesario evaluar no solo su capacidad para identificar variantes genéticas, sino también su efecto real sobre los síntomas, la remisión, los efectos adversos y los recursos empleados.
Las limitaciones del ensayo requieren interpretar sus resultados con precisión
El diseño aleatorizado y doble ciego constituye una fortaleza importante de la investigación.
La participación de 19 consultas también permitió examinar el uso de las recomendaciones en un entorno clínico habitual, en lugar de limitar la evaluación a centros especializados.
Sin embargo, el ensayo presenta límites que deben considerarse.
La investigación se desarrolló en una región de Australia y sus resultados no necesariamente se reproducirán con la misma magnitud en países con otras características poblacionales o sistemas sanitarios.
Además, el análisis principal se centró en un seguimiento de doce semanas.
Este período permite evaluar cambios iniciales en los síntomas, pero no establece por sí solo las consecuencias de utilizar pruebas farmacogenéticas durante tratamientos prolongados.
La intervención se concentró en variantes de dos genes relacionados con el metabolismo de determinados medicamentos.
Por tanto, los resultados no permiten juzgar todas las pruebas genómicas posibles ni todas las estrategias de medicina personalizada que puedan desarrollarse en el futuro.
Otra distinción importante es que la ausencia de una diferencia estadísticamente significativa no demuestra que ambas estrategias produzcan resultados idénticos en cualquier circunstancia.
Significa que, con los datos y procedimientos utilizados, el ensayo no encontró evidencia suficiente de una ventaja clínica de la prescripción farmacogenética sobre la atención convencional.
Qué implicaciones tiene el estudio para pacientes y profesionales
Los resultados no justifican que los pacientes suspendan sus antidepresivos ni que modifiquen las dosis por iniciativa propia.
La investigación evaluó procedimientos de selección de medicamentos, no la conveniencia de abandonar tratamientos que están funcionando.
En la práctica clínica, la elección de un antidepresivo continúa dependiendo de una valoración individual.
Los profesionales deben considerar la intensidad de los síntomas, los tratamientos anteriores, las enfermedades coexistentes, las posibles interacciones farmacológicas y la tolerancia a los medicamentos.
Las pruebas farmacogenéticas pueden seguir teniendo indicaciones específicas, particularmente cuando existe una razón clínica para investigar diferencias en el metabolismo de determinados fármacos.
Sin embargo, el ensayo australiano no respalda asumir que realizar estas pruebas de forma rutinaria a todas las personas con síntomas depresivos moderados o graves mejorará necesariamente su evolución.
La investigación también plantea una cuestión para las políticas sanitarias: cómo determinar cuándo una innovación diagnóstica aporta suficiente beneficio adicional para incorporarla a los servicios habituales.
En medicina, una tecnología puede proporcionar información biológica precisa sin que esa información cambie de manera significativa los resultados de los pacientes.
El estudio PRESIDE aporta evidencia experimental para distinguir entre ambas situaciones.
Los investigadores consideran prioritario desarrollar nuevos trabajos que permitan identificar qué personas podrían beneficiarse de la prescripción guiada por genética, especialmente aquellas que presentan dificultades para responder a los tratamientos convencionales o experimentan efectos adversos relevantes.
Hasta que exista evidencia más concluyente para esos grupos, los resultados respaldan mantener una selección individualizada de antidepresivos basada en la evaluación clínica y en las recomendaciones terapéuticas disponibles.
Fuentes referenciales:
The Lancet Primary Care — Pharmacogenomic-informed antidepressant prescribing for moderate-to-severe depressive symptoms in Australian general practice (PRESIDE): a double-blind, randomised controlled trial
Nanyang Technological University — Prescribing antidepressants based on patients’ genetic makeup does not improve the effectiveness of treatment

