El acceso desde celulares, la publicidad deportiva y las billeteras virtuales facilitan las apuestas en línea; la especialista Silvia Papuchado advierte sobre sus efectos psicológicos y la necesidad de intervenir temprano
Redactor: Valentina Ríos
Editor: Javier Morales O.
Las apuestas en línea se consolidaron en Argentina como un desafío para la salud mental de adolescentes y jóvenes. La disponibilidad permanente de plataformas, el acceso desde teléfonos celulares y la circulación de dinero mediante billeteras virtuales permiten que una actividad prohibida para menores de 18 años ingrese en su vida cotidiana con escasa supervisión adulta.
La psicoanalista Silvia Papuchado, vicepresidenta del capítulo de Políticas Públicas y Salud Mental de la AAP, señaló que el problema puede permanecer oculto porque ya no requiere acudir a un casino o hipódromo. La persona puede apostar a solas, desde una pantalla y en cualquier momento, mientras su entorno desconoce el dinero, el tiempo y la carga emocional involucrados.
La dimensión del fenómeno aparece reflejada en el informe Kids Online Argentina 2025. Según UNICEF Argentina, uno de cada cuatro adolescentes consultados apostó alguna vez, seis de cada diez conocen a alguien que lo hizo de manera virtual y el 47 % identifica aplicaciones o plataformas de apuestas. El organismo sitúa la puerta de entrada alrededor de los 13 años, principalmente entre varones y con una fuerte vinculación con el fútbol.
Cuándo una apuesta deja de ser una actividad ocasional
No toda persona que apuesta desarrolla una adicción. El trastorno aparece cuando se deteriora el control sobre la conducta, el juego adquiere prioridad frente a otras actividades y continúa pese a provocar consecuencias negativas. Estos son los tres criterios centrales que la Organización Mundial de la Salud incluye en la descripción del trastorno por juego dentro de la Clasificación Internacional de Enfermedades.
En adolescentes, Papuchado identifica como señales de alerta los cambios en la alimentación o el sueño, el aislamiento, las alteraciones repentinas en los vínculos y la modificación brusca del grupo de amistades. También deben observarse la irritabilidad cuando no pueden apostar, la preocupación constante por los resultados, el ocultamiento de movimientos financieros y los intentos reiterados de recuperar pérdidas.
El descenso del rendimiento escolar, el abandono de actividades habituales, las solicitudes injustificadas de dinero y la venta de pertenencias pueden indicar que la conducta ya está produciendo daños. Una ganancia inicial tampoco demuestra que exista control: puede reforzar la expectativa de obtener nuevos premios y favorecer apuestas más frecuentes o de mayor valor.
Celulares, publicidad y recompensas inmediatas
Las plataformas digitales reducen las barreras físicas que antes separaban el juego de la vida diaria. La posibilidad de apostar durante las 24 horas, recibir estímulos constantes y mover dinero en pocos segundos acelera la secuencia entre decisión, apuesta y resultado. Esa rapidez puede dificultar la evaluación de las pérdidas acumuladas.
La presencia de marcas de apuestas en transmisiones, camisetas, redes sociales y contenidos deportivos contribuye además a presentar la práctica como una extensión normal del entretenimiento. La OMS advierte que la comercialización, la digitalización y el patrocinio deportivo están impulsando la normalización del juego, especialmente entre niños y jóvenes.
Papuchado también destaca el papel de los grupos de pares y la necesidad de pertenencia. Cuando apostar se convierte en una conducta compartida o difundida por referentes digitales, un adolescente puede participar para no quedar excluido. Esto no significa que todos desarrollarán ludopatía, pero sí que la exposición, la impulsividad y determinadas vulnerabilidades emocionales pueden combinarse y aumentar el riesgo.
Deudas, ansiedad y deterioro de los vínculos
El daño no se limita al dinero perdido. El trastorno por juego puede afectar el descanso, la concentración, las relaciones familiares y el desempeño educativo. La vergüenza y el temor a reconocer las deudas favorecen el secreto, mientras el deseo de recuperar lo gastado puede alimentar una sucesión de nuevas apuestas.
La OMS relaciona el juego perjudicial con estrés financiero, ruptura de vínculos, problemas de salud mental y mayor riesgo de suicidio. Esto no implica que todas las personas que apuestan presenten esas consecuencias, pero exige una evaluación urgente cuando aparecen desesperación, amenazas de autolesión o expresiones de que no existe una salida. Ante un riesgo inmediato, la prioridad es contactar a los servicios de emergencia y no dejar sola a la persona.
La ludopatía también puede coexistir con ansiedad, depresión u otros problemas psicológicos. Determinar qué condiciones están presentes requiere una valoración profesional; los cambios de conducta aislados no permiten establecer un diagnóstico.
Cómo acompañar y pedir ayuda sin esperar una crisis
UNICEF recomienda que las familias inicien la conversación sin esperar a descubrir una deuda. Conviene elegir un momento tranquilo, hablar con claridad, escuchar sin juzgar y preguntar qué sabe el adolescente sobre las plataformas, con quién apuesta y cómo obtiene el dinero. Un abordaje basado únicamente en castigos puede aumentar el ocultamiento y dificultar el pedido de ayuda.
La intervención puede incluir el bloqueo de plataformas, la revisión de medios de pago, la eliminación de cuentas, la restricción de transferencias y el acompañamiento durante el proceso. Estas medidas ayudan a reducir el acceso, pero no sustituyen la atención psicológica o psiquiátrica cuando existe pérdida de control, deterioro funcional o malestar intenso.
Según Papuchado, el tratamiento se adapta a la gravedad de cada caso y puede incorporar psicoterapia, evaluación psiquiátrica, talleres, espacios grupales y participación familiar. Algunas situaciones pueden manejarse de manera ambulatoria, mientras que los cuadros graves requieren dispositivos asistenciales de mayor intensidad. En Argentina, la especialista menciona la Línea 141, Jugadores Anónimos y los espacios de orientación para familiares como recursos gratuitos de consulta.
Prevención, controles de edad y regulación publicitaria
La responsabilidad no puede recaer exclusivamente en quien apuesta o en su familia. La prevención requiere controles efectivos de edad, límites obligatorios de gasto, herramientas de autoexclusión, vigilancia de los medios de pago y medidas contra las plataformas ilegales. También demanda educación digital en escuelas y capacitación para reconocer señales tempranas.
La OMS propone restringir la publicidad, las promociones y el patrocinio deportivo, además de establecer límites vinculantes sobre pérdidas, apuestas y duración de las sesiones. Papuchado plantea igualmente revisar la regulación publicitaria y tratar la ludopatía como un problema colectivo de salud pública.
Actuar antes de que aparezcan deudas graves permite proteger la salud mental, preservar los vínculos y ampliar las posibilidades de recuperación. La señal decisiva no es una cantidad específica de dinero, sino la pérdida de control y la continuidad de las apuestas a pesar del daño.
Fuentes referenciales:
Infobae DEF
UNICEF Argentina
Organización Mundial de la Salud
