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Fascitis plantar: cómo elegir calzado para reducir la sobrecarga


El soporte del arco, la amortiguación y el estado de las zapatillas pueden influir en las molestias del talón, mientras caminar descalzo sobre superficies duras y usar calzado sin sujeción puede aumentar la exigencia sobre el pie


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Karem Díaz S.


La elección del calzado puede influir en las molestias asociadas con la fascitis plantar, una de las causas frecuentes de dolor en la parte inferior del talón. Especialistas en podología y medicina musculoesquelética recomiendan priorizar zapatos con soporte adecuado, amortiguación y estabilidad, evitar caminar descalzo sobre superficies rígidas cuando existe dolor y reemplazar las zapatillas que han perdido sus propiedades de soporte.

La fascia plantar es una banda de tejido que recorre la planta del pie y contribuye al sostenimiento del arco y a absorber las fuerzas generadas al caminar. La fascitis plantar suele producir un dolor característico cerca del talón, especialmente durante los primeros pasos después de levantarse por la mañana o tras permanecer un periodo prolongado en reposo.

Mayo Clinic señala que el riesgo puede aumentar con actividades que someten repetidamente a los pies a cargas importantes, determinados patrones de la marcha, pies planos o arcos altos, exceso de peso, trabajos que implican permanecer mucho tiempo de pie y el uso de zapatos deteriorados o inadecuados. En personas físicamente activas, además, el incremento brusco de las cargas puede favorecer problemas musculoesqueléticos, por lo que la recuperación y el regreso progresivo al movimiento después de una lesión requieren ajustar la actividad a la capacidad del tejido.

Caminar descalzo puede aumentar las molestias del talón

Las personas que sienten dolor intenso en los primeros pasos de la mañana pueden beneficiarse de evitar caminar descalzas sobre pisos duros. La ausencia de amortiguación y soporte obliga al pie a recibir directamente las fuerzas generadas al apoyar el peso corporal.

Para desplazarse dentro de casa, los especialistas consultados en la información de referencia aconsejan pantuflas o zapatos livianos que incorporen soporte del arco, sujeción del talón y una suela capaz de amortiguar el impacto. Una base de goma también puede aportar estabilidad sobre diferentes superficies.

Esta recomendación coincide con las orientaciones de Mayo Clinic, que aconseja utilizar zapatos con buen soporte del arco, suelas suficientemente gruesas y amortiguación, además de evitar caminar descalzo cuando existen síntomas de fascitis plantar.

El cuidado de los pies no depende únicamente del calzado. Cambios persistentes acompañados de dolor, inflamación o lesiones pueden necesitar evaluación profesional. En ese sentido, determinadas señales en los pies requieren atención médica cuando aparecen junto con heridas, alteraciones de la piel, dolor al caminar u otros síntomas que no mejoran con los cuidados habituales.

Las zapatillas gastadas pierden soporte y amortiguación

Una zapatilla deportiva puede dejar de proporcionar soporte adecuado antes de que aparezcan roturas evidentes. El desgaste de la suela, la compresión permanente de la mediasuela y la pérdida de amortiguación son señales de que el calzado ya no distribuye las cargas de la misma manera que cuando era nuevo.

Mayo Clinic incluye el uso de zapatos viejos o desgastados entre los factores capaces de aumentar el riesgo de fascitis plantar porque pierden progresivamente estabilidad y soporte. Por esa razón, recomienda reemplazar el calzado deportivo antes de que deje de amortiguar correctamente.

No existe, sin embargo, un plazo idéntico de reemplazo para todas las personas. La velocidad de desgaste depende de factores como la frecuencia de utilización, la distancia recorrida, la superficie, el peso corporal, el tipo de actividad y las características del propio calzado.

Al comprar un nuevo par, el objetivo no debería limitarse a buscar una zapatilla blanda. Un soporte adecuado del arco, amortiguación, estabilidad y espacio suficiente para los dedos son características que pueden contribuir a distribuir mejor las cargas durante la marcha.

El calzado adquiere especial importancia cuando caminar forma parte habitual de la actividad física. Las recomendaciones para incorporar caminatas breves a la rutina diaria también destacan la conveniencia de utilizar zapatos cómodos y adecuados y aumentar gradualmente la distancia o la intensidad.

Las suelas excesivamente finas ofrecen poco soporte

Las sandalias planas, ojotas, bailarinas y otros zapatos con suelas muy delgadas y flexibles pueden resultar problemáticos para algunas personas con fascitis plantar. Cuando un zapato se dobla o retuerce con extrema facilidad, proporciona poca estructura para contener el pie y absorber las fuerzas del contacto con el suelo.

Eso no significa que todas las personas necesiten zapatos rígidos ni que exista un modelo universal para tratar la fascitis plantar. La forma del pie, la actividad, los síntomas y la comodidad individual también deben considerarse. En algunos casos, un profesional puede recomendar modificaciones del calzado, taloneras o plantillas.

La guía clínica de 2023 de la Academy of Orthopaedic Physical Therapy y la American Academy of Sports Physical Therapy advierte que las ortesis no deberían utilizarse como tratamiento aislado para conseguir alivio del dolor a corto plazo. Pueden emplearse en combinación con otras intervenciones dentro de un programa de tratamiento.

Esta necesidad de combinar medidas también aparece en otras molestias asociadas con el movimiento. Ante dolor persistente de rodilla o cadera, por ejemplo, la evaluación de las estructuras musculoesqueléticas y la selección apropiada de ejercicios resulta preferible a atribuir automáticamente todos los síntomas a una sola causa.

Los zapatos abiertos atrás pueden modificar la marcha

Zuecos, chinelas y otros zapatos sin sujeción posterior pueden exigir movimientos compensatorios para evitar que el calzado se desprenda. Algunas personas tienden a flexionar o contraer los dedos para mantener el zapato en posición, modificando la mecánica habitual de la marcha.

Cuando se utiliza este tipo de calzado, una plantilla con forma anatómica y una zona posterior que estabilice mejor el talón puede reducir el movimiento del pie dentro del zapato. El ajuste sigue siendo fundamental: un modelo que se desliza constantemente o que obliga a realizar esfuerzo para mantenerlo puesto puede resultar contraproducente.

La mecánica de la marcha cambia además según la velocidad, la superficie y la forma de desplazarse. Diferentes modalidades de caminata pueden plantear exigencias distintas de equilibrio y fuerza, como muestran las variaciones de la marcha utilizadas para trabajar equilibrio y resistencia. Cuando existe dolor en el talón, cualquier modificación de la actividad debería realizarse sin forzar los síntomas.

Los tacos altos cambian la distribución de las cargas

Los zapatos de taco alto desplazan el peso corporal hacia la parte delantera del pie y pueden aumentar la tensión de los músculos de la pantorrilla y del tendón de Aquiles. Esas estructuras están biomecánicamente relacionadas con el funcionamiento del talón y la fascia plantar.

Los especialistas citados en la información original aconsejan evitar tacos excesivamente altos cuando existen molestias y optar, si se utiliza este tipo de calzado, por alturas moderadas, bases más anchas y modelos que proporcionen mayor estabilidad y espacio para los dedos.

El objetivo tampoco consiste necesariamente en utilizar un zapato completamente plano. Mayo Clinic recomienda para la fascitis plantar calzado con un talón bajo o moderado, suela gruesa, soporte del arco y amortiguación suficiente.

El calzado es solo una parte del tratamiento

Cambiar de zapatos puede disminuir determinadas cargas, pero no constituye por sí solo un tratamiento completo para todas las personas con fascitis plantar. La guía clínica de fisioterapia publicada en el Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy recomienda intervenciones como estiramientos específicos de la fascia plantar y de los músculos gastrocnemio y sóleo para reducir el dolor y mejorar la función.

La misma guía contempla técnicas de terapia manual y vendaje dentro del tratamiento, mientras que las férulas nocturnas pueden utilizarse durante uno a tres meses en personas que presentan de forma persistente dolor con los primeros pasos de la mañana.

Mayo Clinic también señala que la fisioterapia puede incluir ejercicios destinados a estirar la fascia plantar y el tendón de Aquiles y fortalecer los músculos de la parte inferior de la pierna. Mantener el movimiento dentro de límites tolerables suele formar parte de la recuperación, pero el dolor no debe utilizarse como señal para aumentar indiscriminadamente el ejercicio.

Quienes utilizan la caminata como entrenamiento deben ajustar temporalmente distancia, ritmo y superficie si aparecen molestias. Incluso cuando se practica una caminata rápida para aumentar la intensidad del ejercicio, la progresión debe adaptarse a la condición física y detenerse si aparece dolor musculoesquelético significativo.

El dolor persistente necesita un diagnóstico adecuado

No todo dolor de talón es fascitis plantar. La guía clínica señala que el dolor plantar del talón también puede relacionarse con otros problemas, entre ellos alteraciones de la almohadilla grasa del talón, irritación nerviosa o fracturas por estrés. Por ello, un diagnóstico profesional resulta especialmente importante cuando la presentación no es típica.

La evaluación suele basarse en la historia clínica y la exploración física. Mayo Clinic indica que la mayoría de los pacientes no necesita pruebas de imagen, aunque una radiografía o una resonancia magnética pueden solicitarse cuando es necesario descartar otras causas, como una fractura por estrés.

La consulta con un profesional sanitario resulta aconsejable si el dolor empeora, persiste a pesar de modificar las actividades y el calzado, limita significativamente la marcha o presenta características que no corresponden al patrón habitual. El tratamiento puede entonces adaptarse a la causa del dolor, la duración de los síntomas, las características del pie y las actividades cotidianas de cada persona.

Fuentes referenciales:
Infobae Salud
Mayo Clinic
Journal of Orthopaedic & Sports Physical Therapy