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Un ensayo en Francia revela diferencias entre dos tipos de diálisis intensiva


La investigación, publicada en The New England Journal of Medicine, comparó la hemodiálisis intermitente con la terapia renal continua en pacientes críticos y encontró una mayor mortalidad a los 90 días en el primer grupo.


Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz


Un ensayo clínico multicéntrico realizado en Francia ha identificado diferencias importantes entre dos estrategias utilizadas para tratar la lesión renal aguda en pacientes hospitalizados en unidades de cuidados intensivos. La investigación encontró que quienes comenzaron con hemodiálisis intermitente presentaron una mortalidad superior a la registrada entre los pacientes que recibieron tratamiento de sustitución renal continuo. Los resultados fueron publicados el 14 de octubre de 2026 en la revista científica The New England Journal of Medicine.

El estudio, denominado ICRAKI, fue desarrollado por un amplio grupo de investigadores franceses encabezado por Stéphane Gaudry, especialista vinculado al Hospital Avicenne de la red Assistance Publique–Hôpitaux de Paris y a instituciones universitarias de la región parisina.

La investigación incluyó a 554 adultos en estado crítico que presentaban lesión renal aguda y necesitaban un tratamiento capaz de sustituir temporalmente algunas funciones de los riñones.

Los resultados mostraron una mortalidad del 63,1 % a los 90 días entre los pacientes asignados a hemodiálisis intermitente, frente al 53,5 % entre quienes recibieron inicialmente terapia renal continua. Esta diferencia llevó a los investigadores a examinar con especial atención la seguridad de ambas estrategias.

El ensayo fue interrumpido anticipadamente después de que los análisis provisionales identificaran una señal sostenida de mayor mortalidad en el grupo de hemodiálisis intermitente. Aunque los resultados son clínicamente relevantes, los autores advierten que la interrupción temprana exige cautela al interpretar la magnitud exacta de las diferencias.

La lesión renal aguda puede comprometer la vida de pacientes críticos

La lesión renal aguda aparece cuando los riñones experimentan una disminución rápida de su capacidad para filtrar la sangre, eliminar productos de desecho y regular el equilibrio de líquidos y electrolitos.

Esta alteración puede desarrollarse durante enfermedades graves, infecciones, episodios de shock, complicaciones cardiovasculares o situaciones que reducen el aporte de sangre a los riñones.

En las unidades de cuidados intensivos, algunos pacientes presentan una lesión suficientemente importante como para necesitar tratamiento de sustitución renal. Este procedimiento utiliza equipos extracorpóreos para retirar determinadas sustancias y líquidos que el organismo no consigue eliminar adecuadamente.

La lesión renal aguda debe distinguirse de la enfermedad renal crónica, aunque ambas pueden relacionarse. Una persona que sobrevive a un episodio grave puede recuperar parte o la totalidad de su función renal, pero también puede presentar alteraciones persistentes.

La importancia del seguimiento posterior ha sido documentada en investigaciones sobre las consecuencias renales de las infecciones graves que requieren hospitalización, especialmente entre pacientes que experimentaron lesión renal aguda durante su enfermedad.

En los casos más complejos, los especialistas deben decidir no solamente cuándo iniciar el tratamiento de sustitución renal, sino también qué modalidad resulta más adecuada para la situación clínica del paciente.

Dos estrategias diferentes para sustituir la función de los riñones

La hemodiálisis intermitente y la terapia renal continua persiguen objetivos semejantes: eliminar sustancias acumuladas en la sangre, corregir determinadas alteraciones metabólicas y controlar el exceso de líquidos.

La principal diferencia se encuentra en la forma y el ritmo de aplicación del tratamiento.

La hemodiálisis intermitente se realiza durante sesiones de duración limitada, en las que el equipo extracorpóreo elimina sustancias y líquidos a una velocidad relativamente elevada.

La terapia renal continua, por su parte, funciona durante períodos prolongados, habitualmente a lo largo de muchas horas, y permite una eliminación más gradual.

Esta característica puede resultar importante en pacientes críticos con inestabilidad circulatoria, porque los cambios rápidos en el volumen de líquidos pueden afectar la presión arterial.

Sin embargo, antes del nuevo ensayo persistían incertidumbres sobre cuál de las dos estrategias ofrecía mejores resultados cuando se utilizaba como tratamiento inicial en pacientes graves con indicación de sustitución renal.

El estudio francés fue diseñado para responder directamente a esa cuestión mediante una comparación aleatorizada.

El ensayo ICRAKI distribuyó aleatoriamente a 554 pacientes

Los investigadores realizaron un ensayo multicéntrico, abierto y de no inferioridad. Este diseño buscaba determinar si comenzar con hemodiálisis intermitente ofrecía resultados que no fueran clínicamente peores que los obtenidos con terapia renal continua, dentro de un margen previamente establecido.

Los participantes fueron asignados aleatoriamente a una de las dos estrategias.

Un total de 272 pacientes fueron destinados al grupo de hemodiálisis intermitente y 282 al grupo de tratamiento continuo.

De ellos, 535 fueron incluidos en la población utilizada para el análisis principal por intención de tratar: 260 en el grupo intermitente y 275 en el continuo.

El carácter abierto del estudio significa que los profesionales sanitarios conocían la modalidad de tratamiento aplicada. Esta circunstancia era difícil de evitar debido a las diferencias prácticas entre ambos procedimientos.

El ensayo fue financiado por el Ministerio de Salud de Francia y registrado en ClinicalTrials.gov con el identificador NCT06032884.

La mortalidad a los 90 días fue mayor con hemodiálisis intermitente

Uno de los resultados más relevantes fue la diferencia en la proporción de pacientes fallecidos durante los primeros 90 días.

En el grupo de hemodiálisis intermitente murieron 164 de los 260 participantes incluidos en el análisis, equivalentes al 63,1 %.

En el grupo de terapia renal continua fallecieron 147 de los 275 pacientes, lo que representó el 53,5 %.

La diferencia observada fue de 9,6 puntos porcentuales entre ambas modalidades.

Los investigadores también utilizaron un análisis de supervivencia mediante el método de Kaplan-Meier. Las estimaciones de mortalidad a los 90 días fueron del 63,3 % para el tratamiento intermitente y del 53,6 % para el continuo.

El cociente de riesgos instantáneos, conocido como hazard ratio, fue de 1,30, con un intervalo de confianza del 95 % comprendido entre 1,04 y 1,63.

Estos resultados indican que, dentro de las condiciones del ensayo, la estrategia intermitente estuvo asociada con una mayor mortalidad durante el seguimiento.

Sin embargo, los autores señalan que la finalización anticipada del estudio puede influir en la estimación del tamaño del efecto. Por tanto, no debe interpretarse que la diferencia observada representa necesariamente el resultado que se produciría en todos los hospitales o en todos los pacientes con lesión renal aguda.

El resultado principal también incluyó daño renal persistente

El objetivo principal del ensayo no consistía exclusivamente en comparar la mortalidad.

Los investigadores utilizaron un indicador compuesto denominado acontecimiento renal adverso mayor a los 90 días.

Este resultado incluía tres situaciones: fallecimiento, necesidad persistente de tratamiento de sustitución renal o una concentración de creatinina en sangre superior en más del 25 % al valor basal.

La creatinina es una sustancia utilizada habitualmente para evaluar la función renal, aunque su interpretación depende de diferentes características clínicas.

El indicador compuesto permitió examinar conjuntamente la supervivencia y determinadas consecuencias de la lesión renal aguda.

Entre los pacientes asignados a hemodiálisis intermitente, 203 presentaron un acontecimiento renal adverso mayor, equivalentes al 78,1 %.

En el grupo de terapia continua se registraron 197 acontecimientos, correspondientes al 71,6 %.

La diferencia absoluta ajustada fue de 6,28 puntos porcentuales, con un intervalo de confianza del 95 % comprendido entre −1,22 y 13,79 puntos.

Debido a que este intervalo incluyó valores compatibles con diferencias en ambas direcciones, el análisis no permitió demostrar una superioridad estadística de una modalidad respecto de la otra para el resultado compuesto.

No obstante, tampoco se pudo demostrar que la hemodiálisis intermitente fuera no inferior a la terapia continua, que era precisamente la hipótesis evaluada.

La presión arterial fue una de las complicaciones vigiladas

Los investigadores también analizaron acontecimientos adversos relacionados potencialmente con la lesión renal aguda o con el tratamiento aplicado.

La hipotensión, caracterizada por una disminución de la presión arterial, fue la complicación más frecuente entre las registradas.

En el grupo de hemodiálisis intermitente se notificó en 179 pacientes, equivalentes al 68,8 %.

Entre quienes recibieron terapia renal continua se registró en 183 participantes, correspondientes al 66,5 %.

Las proporciones fueron relativamente semejantes, por lo que los datos no permiten atribuir por sí solos la diferencia de mortalidad a una mayor frecuencia de hipotensión.

La relación entre función renal y estabilidad circulatoria es especialmente importante en los pacientes con enfermedades graves.

Por ejemplo, el tratamiento del shock séptico y sus consecuencias sobre la función renal constituye otro campo de investigación clínica en el que los especialistas deben equilibrar diferentes intervenciones para mantener la perfusión de los órganos.

Los resultados del ensayo ICRAKI no establecen un mecanismo único que explique la diferencia de mortalidad observada.

Por qué se interrumpió anticipadamente la investigación

El estudio contemplaba análisis provisionales para revisar los resultados a medida que avanzaba el seguimiento de los participantes.

Estas evaluaciones permiten detectar señales relevantes sobre la seguridad de los tratamientos y determinar si existen razones para continuar o detener una investigación.

En el ensayo francés, los análisis secuenciales identificaron una señal persistente de mayor mortalidad entre quienes habían sido asignados a hemodiálisis intermitente.

Como consecuencia, el estudio fue detenido antes de completar su desarrollo inicialmente previsto.

Esta decisión tiene implicaciones metodológicas importantes.

Los ensayos interrumpidos anticipadamente por diferencias entre grupos pueden ofrecer información valiosa, pero también pueden producir estimaciones menos precisas sobre la magnitud real del beneficio o perjuicio.

Por esa razón, los investigadores recomiendan interpretar los resultados con prudencia y considerar sus características al trasladarlos a la práctica asistencial.

La señal de mortalidad merece atención, pero no significa que todas las modalidades intermitentes de diálisis sean peligrosas ni que deban abandonarse en otros contextos clínicos.

Los resultados no se aplican automáticamente a la diálisis crónica

Una distinción fundamental es que el ensayo evaluó a pacientes críticamente enfermos con lesión renal aguda, no a personas que reciben hemodiálisis periódica por enfermedad renal crónica avanzada.

La hemodiálisis intermitente continúa siendo una modalidad utilizada habitualmente en personas con insuficiencia renal permanente.

Estos pacientes presentan circunstancias clínicas distintas de las observadas en una unidad de cuidados intensivos, donde pueden coexistir infecciones graves, alteraciones circulatorias y fallos de otros órganos.

La enfermedad renal crónica y su creciente impacto sanitario mundial plantean necesidades de prevención, diagnóstico y tratamiento que no deben confundirse con las decisiones sobre soporte renal en pacientes críticos.

Por tanto, los resultados de ICRAKI no justifican que las personas sometidas a hemodiálisis de mantenimiento modifiquen sus tratamientos.

La selección de una modalidad de sustitución renal depende de la enfermedad, la estabilidad clínica, los objetivos terapéuticos y la valoración del equipo médico.

Qué aporta el ensayo a las decisiones en cuidados intensivos

La elección entre hemodiálisis intermitente y terapia renal continua ha sido objeto de debate en medicina intensiva y nefrología.

Las dos modalidades requieren recursos técnicos, personal especializado y vigilancia clínica, aunque sus características operativas son diferentes.

En algunos hospitales, la disponibilidad de equipos y profesionales también puede influir en la modalidad utilizada.

El ensayo ICRAKI aporta evidencia aleatorizada sobre los resultados de comenzar el tratamiento con una u otra estrategia en adultos críticamente enfermos.

Sus hallazgos respaldan la necesidad de revisar cuidadosamente la elección inicial de la modalidad renal, especialmente cuando el paciente presenta un elevado riesgo de complicaciones.

Sin embargo, el estudio no determina que la terapia continua sea siempre la mejor opción para cualquier persona que necesite sustitución renal.

Tampoco permite establecer por sí solo qué características clínicas explican las diferencias de mortalidad o qué pacientes podrían obtener un beneficio especialmente importante de una modalidad concreta.

La interpretación deberá considerar otras investigaciones, las recomendaciones clínicas vigentes y las circunstancias individuales.

Las limitaciones que deben considerarse antes de cambiar protocolos

El ensayo presenta fortalezas importantes, como su diseño aleatorizado, la participación de múltiples centros y la evaluación de resultados clínicos relevantes.

Sin embargo, también existen limitaciones.

La primera es que los tratamientos no podían ocultarse a los profesionales sanitarios, debido a sus diferencias técnicas y operativas.

La segunda es la interrupción anticipada, que reduce la información disponible respecto de la que habría proporcionado un seguimiento completo del número inicialmente previsto de participantes.

Además, la población estudiada estaba formada por adultos en estado crítico con indicación de sustitución renal, por lo que sus resultados no deben extrapolarse a pacientes con enfermedades renales menos graves.

La investigación comparó estrategias iniciales de tratamiento. Por ello, sus resultados deben interpretarse en función de esa decisión clínica específica y no como una comparación universal de todas las formas posibles de diálisis.

También es importante distinguir entre el resultado compuesto principal y el análisis de mortalidad. Aunque ambos favorecieron numéricamente a la terapia continua, sus resultados estadísticos no fueron idénticos.

La evidencia disponible permite afirmar que la hemodiálisis intermitente no demostró ser no inferior a la modalidad continua para el resultado principal y que se observó una mayor mortalidad en el grupo intermitente.

Un nuevo elemento para mejorar la atención de la lesión renal aguda

Los resultados publicados en The New England Journal of Medicine incorporan información relevante para los equipos de nefrología y medicina intensiva que atienden a pacientes con lesión renal aguda grave.

El estudio plantea que la modalidad inicial de sustitución renal puede tener consecuencias clínicas importantes en determinadas poblaciones de pacientes críticos.

La mayor mortalidad observada con hemodiálisis intermitente constituye una señal que deberá considerarse en la evaluación de protocolos asistenciales, sin ignorar las limitaciones derivadas de la finalización anticipada del ensayo.

La investigación también subraya la importancia de estudiar los tratamientos de soporte mediante resultados clínicos concretos, como supervivencia y recuperación renal, y no únicamente por su capacidad técnica para eliminar líquidos y sustancias de la sangre.

El siguiente desafío será determinar con mayor precisión qué pacientes se benefician de cada modalidad, cómo influyen sus condiciones circulatorias y qué estrategias permiten mejorar la supervivencia y la recuperación de la función renal después de una enfermedad crítica.

Fuentes referenciales:
The New England Journal of Medicine — Intermittent or Continuous Renal-Replacement Therapy in Acute Kidney Injury
ClinicalTrials.gov — Registro del ensayo ICRAKI, NCT06032884