En el Día Mundial de la Artritis, especialistas de Argentina destacan que el tratamiento debe buscar el control de la inflamación, la protección de las articulaciones y la recuperación de la calidad de vida, más allá del alivio temporal de los síntomas.
Redacción: Redacción Mundo de la Salud
Editor: Eduardo Schmitz
La artritis reumatoide continúa representando un desafío para millones de personas que conviven con dolor, inflamación y dificultades para realizar actividades cotidianas. Este 12 de octubre de 2026, con motivo del Día Mundial de la Artritis, especialistas y organizaciones de pacientes en Argentina han puesto el foco en una cuestión fundamental: sentirse mejor no significa necesariamente que la enfermedad esté controlada.
El mensaje responde a una transformación en los objetivos del tratamiento de esta enfermedad autoinmune. Mientras que anteriormente la reducción del dolor y la rigidez constituía uno de los principales indicadores de mejoría, actualmente los especialistas consideran necesario evaluar de manera integral la actividad inflamatoria, el funcionamiento de las articulaciones y la evolución clínica del paciente.
La remisión, entendida como un estado en el que la enfermedad presenta una actividad inflamatoria mínima o ausente según criterios clínicos establecidos, se ha convertido en uno de los objetivos prioritarios del tratamiento. Alcanzarla puede reducir el riesgo de daño articular progresivo y mejorar significativamente las posibilidades de mantener una vida activa.
Por qué la disminución del dolor puede resultar insuficiente
La artritis reumatoide es una enfermedad inflamatoria crónica en la que el sistema inmunitario ataca por error tejidos del propio organismo, especialmente la membrana sinovial que recubre las articulaciones.
Esta respuesta inmunitaria provoca inflamación persistente y puede producir alteraciones progresivas en el cartílago, los huesos y otras estructuras articulares. Aunque las manifestaciones más frecuentes aparecen en manos, muñecas y pies, la enfermedad también puede comprometer otras articulaciones e incluso afectar órganos fuera del sistema musculoesquelético.
Una de las dificultades del seguimiento clínico consiste en que la intensidad del dolor no siempre refleja de manera precisa el grado de actividad inflamatoria. Algunas personas experimentan una disminución considerable de las molestias mientras todavía presentan articulaciones inflamadas o signos de enfermedad activa.
Por ese motivo, los especialistas recomiendan valorar diferentes indicadores, entre ellos el número de articulaciones dolorosas e hinchadas, los resultados de determinados análisis de laboratorio, la evaluación médica global y la percepción del propio paciente sobre su estado de salud.
El doctor Gustavo Citera, jefe de la Sección Reumatología del Instituto de Rehabilitación Psicofísica de Argentina, ha destacado la necesidad de establecer objetivos terapéuticos más ambiciosos y mantener una evaluación periódica que permita determinar si la enfermedad se encuentra realmente controlada.
Este enfoque busca evitar que la mejoría parcial de los síntomas oculte procesos inflamatorios que podrían continuar afectando las articulaciones.
La remisión se convierte en una meta central del tratamiento
Las recomendaciones internacionales de atención de la artritis reumatoide incorporan el concepto de tratamiento orientado a objetivos, conocido por sus siglas en inglés como Treat to Target (T2T).
Esta estrategia establece metas clínicas concretas y propone revisar periódicamente la respuesta al tratamiento para determinar si se están alcanzando los resultados esperados.
La remisión constituye el objetivo preferente, especialmente cuando la enfermedad se detecta en etapas tempranas y existen condiciones favorables para conseguir un control profundo de la inflamación.
Sin embargo, en personas con enfermedad prolongada, daño articular establecido u otras circunstancias clínicas, alcanzar una actividad baja y sostenida puede representar una alternativa razonable.
La remisión no equivale a una curación definitiva. La artritis reumatoide sigue siendo una enfermedad crónica y puede presentar nuevas fases de actividad incluso después de períodos prolongados de estabilidad.
Por ello, los pacientes que alcanzan la remisión generalmente necesitan continuar bajo supervisión médica. Cualquier reducción o modificación del tratamiento debe realizarse mediante una evaluación individualizada del reumatólogo.
El diagnóstico temprano puede prevenir daños permanentes
Uno de los aspectos más importantes del tratamiento es identificar la enfermedad antes de que la inflamación produzca lesiones articulares irreversibles.
La Organización Mundial de la Salud señala que la artritis reumatoide puede ocasionar limitaciones importantes de movilidad y discapacidad cuando no recibe atención adecuada.
Entre las manifestaciones iniciales más características se encuentran el dolor persistente, la hinchazón de las articulaciones, la sensibilidad al tacto y la rigidez que aparece especialmente durante las primeras horas de la mañana.
La afectación suele presentarse de manera relativamente simétrica, aunque este patrón no está presente en todos los pacientes. También pueden aparecer cansancio intenso, dificultades para dormir y disminución de la capacidad funcional.
Los especialistas recomiendan solicitar una evaluación médica cuando estos síntomas persisten, especialmente si afectan varias articulaciones o dificultan actividades habituales.
El diagnóstico requiere integrar la exploración clínica con pruebas complementarias. Entre ellas pueden encontrarse análisis de anticuerpos específicos, marcadores de inflamación y estudios de imagen como radiografías, ecografías o resonancias magnéticas, según las características de cada caso.
Detectar la enfermedad oportunamente permite iniciar tratamientos destinados a modificar su evolución, en lugar de limitarse a controlar las molestias.
Medicamentos que buscan frenar la progresión de la enfermedad
El abordaje farmacológico de la artritis reumatoide incluye medicamentos antirreumáticos modificadores de la enfermedad, conocidos como FAME o DMARD por sus siglas en inglés.
Estos tratamientos actúan sobre los mecanismos inflamatorios responsables del daño articular y constituyen una parte fundamental de la estrategia terapéutica.
Entre los medicamentos convencionales utilizados se encuentra el metotrexato, frecuentemente empleado como tratamiento inicial cuando no existen contraindicaciones.
En determinados pacientes también pueden indicarse terapias biológicas o medicamentos sintéticos dirigidos a mecanismos específicos de la respuesta inmunitaria.
La selección depende de la actividad de la enfermedad, los tratamientos utilizados previamente, las enfermedades asociadas, las preferencias del paciente y la evaluación de los posibles riesgos.
Los analgésicos y antiinflamatorios pueden contribuir al alivio de determinados síntomas, pero no sustituyen a los medicamentos capaces de modificar la evolución de la enfermedad.
El seguimiento también debe incluir controles de seguridad, ya que algunos tratamientos requieren vigilancia mediante análisis de laboratorio y evaluación del riesgo de infecciones u otros efectos adversos.
Las limitaciones cotidianas no deben considerarse inevitables
Una de las principales preocupaciones planteadas durante el Día Mundial de la Artritis es la tendencia de algunos pacientes a acostumbrarse a dificultades que podrían indicar un control insuficiente de la enfermedad.
Abrir un recipiente, abotonarse una camisa, sostener objetos, caminar durante períodos prolongados o realizar tareas domésticas pueden convertirse en actividades difíciles cuando existe inflamación articular persistente.
Estas limitaciones pueden instalarse progresivamente en la rutina, hasta el punto de que algunas personas dejan de mencionarlas durante las consultas médicas.
El doctor Gustavo Rodríguez Gil, presidente electo de la Sociedad Argentina de Reumatología, ha insistido en la importancia de que los pacientes comuniquen las dificultades que experimentan, incluso cuando consideran que forman parte de su diagnóstico.
La evaluación de la enfermedad debe contemplar tanto los indicadores clínicos como las consecuencias sobre la vida laboral, familiar y social.
También resulta necesario diferenciar las molestias relacionadas con inflamación activa de aquellas que pueden persistir por daño articular previo u otras causas. Esta distinción ayuda a determinar qué intervenciones pueden resultar más adecuadas.
La experiencia de una paciente que alcanzó la remisión
La perspectiva de las personas diagnosticadas ocupa un lugar destacado en las actividades de sensibilización desarrolladas en Argentina.
Mariana Cambiasso, fundadora y presidenta de la Asociación Civil Argentina de Personas con Enfermedades Reumáticas (ACAPER), recibió su diagnóstico de artritis reumatoide hace aproximadamente 34 años.
Durante ese período atravesó diferentes tratamientos y procedimientos quirúrgicos, hasta alcanzar un estado de remisión que, según su testimonio, mantiene desde hace 14 años.
Su experiencia muestra la importancia de la continuidad de la atención médica y de establecer objetivos que permitan mejorar la participación en actividades personales y sociales.
Desde ACAPER se promueve que las personas con enfermedades reumáticas no consideren inevitable la pérdida de autonomía ni renuncien a plantear nuevas metas de tratamiento.
La organización también desarrolla iniciativas de acompañamiento y sensibilización dirigidas a pacientes y familiares.
Entre ellas se encuentra la campaña denominada «No se ve, pero está ahí», impulsada en espacios urbanos de Buenos Aires para dar visibilidad a las consecuencias de enfermedades cuyos síntomas no siempre resultan evidentes para otras personas.
El impacto de la artritis reumatoide sobre la salud mundial
La artritis reumatoide constituye un problema de salud pública que afecta a personas de diferentes edades y regiones.
De acuerdo con estimaciones de la Organización Mundial de la Salud, aproximadamente 18 millones de personas vivían con esta enfermedad en el mundo en 2019.
La afección es más frecuente entre las mujeres y puede manifestarse durante la edad laboral, con consecuencias importantes para la autonomía personal y la productividad.
Entre los factores asociados con un mayor riesgo se encuentran el tabaquismo, la obesidad y determinadas exposiciones ambientales, aunque las causas exactas de la enfermedad todavía no se conocen completamente.
Su impacto no se limita al dolor articular. La inflamación sistémica puede relacionarse con complicaciones cardiovasculares y pulmonares, mientras que las limitaciones físicas y la fatiga pueden afectar el bienestar emocional.
La atención integral debe considerar estas dimensiones y promover la coordinación entre reumatología, atención primaria, rehabilitación y otros servicios sanitarios cuando resulte necesario.
La actividad física y la rehabilitación forman parte del cuidado
Además del tratamiento farmacológico, las recomendaciones clínicas destacan la importancia de mantener una actividad física adaptada a las capacidades y condiciones de cada persona.
El ejercicio supervisado puede contribuir a preservar la movilidad, mejorar la fuerza muscular y mantener la capacidad para realizar actividades cotidianas.
Los programas de rehabilitación pueden incluir fisioterapia, terapia ocupacional y recomendaciones para proteger las articulaciones durante determinadas tareas.
La elección de los ejercicios debe tener en cuenta el grado de inflamación, la presencia de daño articular y otras condiciones médicas.
También se recomienda evitar el tabaquismo y mantener hábitos que favorezcan la salud cardiovascular y metabólica.
Estas medidas complementan el tratamiento médico, pero no reemplazan los medicamentos indicados para controlar la actividad inmunitaria de la enfermedad.
Una relación más activa entre pacientes y reumatólogos
El enfoque actual de la artritis reumatoide concede mayor importancia a las decisiones compartidas entre profesionales sanitarios y pacientes.
Esto implica explicar los objetivos del tratamiento, revisar periódicamente los resultados y facilitar que la persona diagnosticada comunique sus preocupaciones, dificultades y expectativas.
Cuando persisten síntomas o signos de inflamación, el especialista puede evaluar si corresponde modificar la estrategia terapéutica, realizar nuevas pruebas o investigar otras causas de las molestias.
El seguimiento debe considerar que la respuesta a los medicamentos varía entre pacientes y que la evolución de la enfermedad puede cambiar con el tiempo.
Por esa razón, la ausencia de dolor durante un período determinado no debería utilizarse como único criterio para decidir que la artritis está controlada o para suspender un tratamiento.
La conmemoración del 12 de octubre refuerza así un mensaje dirigido tanto a los profesionales como a las personas afectadas: la atención de la artritis reumatoide debe buscar resultados clínicos sostenibles que permitan conservar la movilidad, prevenir complicaciones y mejorar la calidad de vida.
La remisión no está garantizada para todos los pacientes, pero representa una meta terapéutica posible en numerosos casos. Reconocer oportunamente la actividad de la enfermedad y mantener una comunicación constante con el equipo médico son elementos esenciales para aproximarse a ese objetivo.
Fuentes referenciales: Infobae — Artritis reumatoidea y remisión Organización Mundial de la Salud — Artritis reumatoide Mayo Clinic — Diagnóstico y tratamiento de la artritis reumatoide

